sábado, 8 de enero de 2011

El Sonido de la Música

Siempre me han encantado los musicales. Recuerdo que, desde muy pequeño, mis padres me aficionaron a ver clásicos como "Cantando bajo la Lluvia", de Stanley Donen y Gene Kelly, o "West Side Story", de Robert Wise y Jerome Robbins.


Por otro lado también me aficionaron a ver películas Disney, como a la mayoría de niños. Lo curioso es comprobar que la práctica totalidad de estas películas contienen un número elevado de momentos musicales, lo cual las introduce plenamente en el género musical. De todas ellas es difícil escoger una que resulte representativa, pero ya que me apuráis me quedo indiscutiblemente con la genialidad de "Mary Poppins", de Robert Stevenson (acabo de recordar en este instante lo frustrante que resulta darse cuenta de que directores que han hecho obras maestras como ésta no sean conocidos por el gran público...). En ella también resulta difícil escoger unas pocas secuencias, ya que todos y cada uno de los números musicales que contiene son, sencillamente, formidables. Pero os veo con ganas de ver como me mojo, así que adelante:

¿Recordáis?


¿Y esta otra? Más os vale que la respuesta sea un sí rotundo...



Aunque de todas me quedo con el número final, en el que vemos a unos personajes totalmente transformados como consecuencia de la aparición de esta entrañable mujer en sus vidas. Ver al serio caballero inglés convertido en alguien que despide e inspira vitalidad a los que le rodean, y al espectador, no tiene precio. Aquí es donde se concentra todo el significado de esta maravillosa película.



"Mary Poppins" es una de tantas que erróneamente se identifican como "películas infantiles". En cierto sentido tengo que deciros una cosa: si tenéis algún peque cerca brindarle la oportunidad de deleitarse con este film. Pero reconoceréis que hay cosas que se escapan a la comprensión de los más pequeños, y que muchas veces, como ocurre aquí, no se reducen a comentarios con sexualidad implícita o alguna que otra referencia cultural en la que la edad cuenta, sino a numerosos elementos de la propia trama de la película que trascienden a la misma. Los niños y niñas lo captan, pero no lo interpretan en su totalidad, no al menos hasta que son adultos y de repente un día se dicen a sí mismos: "...anda, y yo que creo que en Mary Poppins se hacía alusión a la crisis y todo...". Más bien diría que ésta es de esas películas, que por desgracia hoy escasean un poco, donde no solo te cuentan una historia y te hablan de unos personajes, sino que llegan contarte tu propia historia, donde el personaje principal eres tú mismo. Te hablan de la madurez, de los fracasos y triunfos, y de como la esperanza, bien entendida y gestionada, es algo muy importante en nuestras vidas. Esas películas, por su brillantez, consiguen llegar a cualquier espectador, grande o pequeño, y viven dentro de él durante el resto de su vida.

Pero el musical no se acaba en "Mary Poppins". Aún se siguen haciendo excelentes musicales, aunque bien es verdad que no en la cantidad, y quizás calidad, de antaño. En "Moulin Rouge", de Baz Luhrmann (vaya, otra vez esa sensación...) todos somos capaces de identificarnos plenamente con un personaje atormentado por un amor perdido, pero que gracias a él tuvo una experiencia que resultó única en su vida y lo cambió para siempre. De ella me resultó brillante la adaptación que decidió hacer Lurhman de algunos clásicos de la música moderna. Aunque si tengo que escoger una escena me quedo con el momento en el que la troupe intenta convencer al duque de que financie su proyecto (cualquier día haré lo mismo con un productor, sino al tiempo...).


Pero la música en el cine no solo reluce en los musicales. La Banda Sonora muchas veces es una pieza fundamental de la narración fílmica, incluso hay casos donde consigue superar a la propia película. Pondré un ejemplo muy claro: "Carros de Fuego", de Hugh Hudson (y van tres...). Estoy seguro de que muchos no la habéis visto, sin embargo ¿os suena esta música compuesta por Vangelis?



Inspiradora ¿verdad? Aunque tener una buena BSO resulta gratificante yo siempre he creído que lo mejor es conseguir que la película y su música estén a la misma altura, y que ésta sea la mayor posible, claro está. Eso es algo que consiguen sólo unos pocos. De todos ellos quizás el mejor sea el dúo que conforman Steven Spielberg (a este si lo conocéis eh...) y John Williams. Tienen para todos los gustos:

El drama de la maravillosa "La Lista de Schindler" (como vemos la esperanza puede encontrarse incluso en el mismísimo holocausto)


La, aún hoy en día, increíble "E.T."


O la más reciente: "Minority Report". La que aquí os pongo es una de mis secuencias favoritas, con su música Williams consigue infundir en nosotros el miedo a las terribles spyders.


Aunque la música original siempre suele ser un plus de originalidad en una película, existen casos en los que con música previamente existente se pueden conseguir maravillas. Podría poner múltiples ejemplos, pero me basta con dejaros esta maravillosa secuencia de "Amadeus", de Milos Forman, donde un desmejorado Mozart escucha (o no) las quejas de su suegra, diciéndole que solo piensa en él y su música, surgiendo de ahí la idea para el aria más famosa de la reina de la noche, de la opera "La Flauta Mágica".


La música siempre ha sido un elemento fundamental tanto en mis trabajos como en mi propia vida. Cada recuerdo de mi memoria tiene su propia música, su propia banda sonora, incluso a veces acompañada de algún sonido ambiental. Quizás sea verdad aquello que me dijo un profesor hace unos años: "la música es algo inherente al ser humano. De alguna manera se encuentra presente en nosotros antes incluso de que la inventásemos."